Mobirise Website Creator

Instalar una ofrenda, bueno para tu psique

Te sorprenderá la forma en que esta costumbre beneficia tus emociones

Por Rosa Tamez (Terapeuta)

Se acerca una época entrañable para los mexicanos. El 1º y 2 de noviembre forman parte importante de las fiestas con las que nos vamos preparando para cerrar el año. ¿Quién se puede resistir a los días de asueto, las verbenas nocturnas, el aroma a copal, el pan de muerto y la calabaza en tacha? Las catrinas de cerámica o humanas, surgen por dondequiera, hordas de pequeños toman las calles pidiendo su calaverita y personajes tan legendarios y queridos como La Llorona, nos llenan de magia.

Pero quizá lo más característico de las fechas, es la instalación de los tradicionales altares de muertos, mismos que representan el corazón de la fiesta. En las plazas públicas, los museos y las oficinas, pero sobre todo en las casas, ya sea de tamaño monumental o muy modestas (porque no falta la comadre que “aunque sea”, pone una calaverita de dulce, una veladora y un ramito de flores de cempasúchil), estas ofrendas, se multiplican.

El ritual es hermoso porque es un acto de amor hacia los queridos que ya no están. Se les recuerda y se les obsequia. Además, se trata de una tradición que llama la atención en todo el mundo ya que este acercamiento a los macabros asuntos del más allá, no es nada común. Se suele decir por ahí que: “A los mexicanos, la muerte nos pela los dientes”.

El poder de los símbolos

Sin embargo, poner una ofrenda conlleva beneficios que impactan en nuestro equilibrio emocional y que no siempre alcanzamos a percibir claramente. Sin darnos cuenta, todo lo que simboliza este ritual, nos permite construir ideas, creencias y enfoques buenos para nuestra psique.

Por un lado, nos deja reconocer que estamos del lado de los vivos, cosa que a veces se nos olvida, ¿o no? También, nos proporciona pertenencia, ya que generalmente hacemos presentes a los abuelos, padres o parientes que se adelantaron y así, nos percatamos de que somos parte de un linaje. Las raíces nos dan identidad y fuerza.

Recordar a los difuntos con acciones especiales, nos conecta con valores que nos enaltecen y enriquecen como seres humanos; honra, agradecimiento, perdón, memoria y compasión, por ejemplo. También nos permitimos abrir un espacio de introyección y reflexión en torno a trascender, sin miedo ni disimulos, porque sabemos que se trata de un lapso del cual escaparemos, al culminar la festividad.

Relacionar una parte de la muerte con lo celebratorio, ayuda a crear un concepto menos trágico de ella. Como representa un cambio de ciclo, la idea se instala en nuestra mente y nos permite aceptar de una mejor manera los cambios, las pérdidas y duelos de la existencia.

Por si fuera poco, contribuir a esta tradición, refuerza la cultura, que es uno de los mayores orgullos que tenemos como mexicanos y nos identifica como parte de ello. Así pues, si cada año armas tu ofrenda, seguro que luego de saber todo esto continuarás con más ganas y si no, ¿qué tal si decides iniciar? Puede que la hagas pequeña, como la de la comadre o, lanzarte a lo grande. Por acá te damos algunas pautas.

El altar de muertos
Significado

En la visión prehispánica, morir representaba el comienzo de un viaje hacia el inframundo o Mictlán. Al llegar ahí, el alma era recibida por Mictlantecuhtli, señor del reino de los muertos y su esposa Mictecacíhuatl. Estos recibían sus ofrendas y la enviaban a un periodo de prueba de cuatro años, en el que tenía que pasar por nueve regiones que la conducirían al nivel superior, el lugar del reposo eterno llamado Obsidiana de los Muertos.


El altar entonces, representaba en su origen ese paso previo del alma hacia la eternidad. Con la conquista, se fueron integrando nuevos elementos en los que el recuerdo y gustos del difunto se hicieron presentes. La creencia es que el Día de Muertos (2 de noviembre), regresa por unas horas el espíritu del muerto a consolar a sus deudos y degustar un poco de los placeres de la vida que dejó. El día previo (1º de noviembre), se reciben las almas de los difuntitos. 

Elementos

● Tienen que estar presentes los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra. Por ello es que no deben faltar el incienso, los vasos con el vital líquido, velas y veladoras, sal. 


● La sal y el incienso, además, tienen la función de purificar y ahuyentar a espíritus indeseables. El fuego, ilumina y guía el camino del difunto.


● Papel picado de colores. Representa la unión entre la vida y la muerte.


● Escalones o niveles que evocan las regiones que debería atravesar el difunto, para alcanzar el descanso eterno. 


● Flores; de cempasúchil para que con su color y olor atraigan a los difuntos, blancas para representar la pureza de las almitas pequeñas, moradas como signo de luto.


● Cruz de cal en el piso. Que resulta una suerte de brújula que señala los cuatro puntos cardinales y permitirá al muerto, regresar al inframundo. 


● Comida representativa de la época y que además, señale su carácter típico: mole, tamales, calabaza en tacha, arroz, frijoles, aguas de sabores, cerveza, tequila o pulque, fruta cristalizada, dulces típicos, fruta, etc. 


● Pan. Es muy importante ya que simboliza los dones de la vida y la generosidad. Se vale desde el pan de muerto, hasta los panes de figuritas y los golletes (roscas con azúcar rosada). 


● Objetos personales del difunto y cosas que le gustaban en vida: cigarros, discos, prendas, juguetes etc.


● Fotografías de los difuntos a los que se les dedica el altar. 

¡Comparte el artículo!