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El viaje de… Alejandra Alvarez

Ante la duda, ¡viaja!

Los viajes reconfortan el alma y siempre nos dan nuevas perspectivas. Salir a conocer el mundo pone en nuestra visión horizontes que no conocíamos ni sospechábamos, pero que pueden cambiar radicalmente nuestra historia.


A mí me gusta mucho viajar. Sola y acompañada. Aunque si puedo recomendar algo como mujer a otras mujeres, es hacer un viaje sin nadie más que una misma. Son momentos empoderantes, nos hacen reflexionar y poner a prueba nuestra capacidad de resolver problemas (más cuando vas a un país que no habla tu mismo idioma).


Hay un viaje a Chicago que comparto por lo especial que fue. Ocurrió justo antes de cumplir los 30. Dos años antes comencé a correr maratones y una meta que me puse, fue ir a una prueba al extranjero antes de llegar al tercer piso. Por diversas situaciones, al final, me fui sola y me di cuenta que el destino nos pone donde debemos estar en el momento justo. Desde recoger mi número para la carrera, llegar al hotel, pasear por la ciudad, todo fue una reflexión constante de mis casi tres décadas en este planeta.

Un momento especial fue la visita a la meta antes del día de la competencia. Esta se encontraba al lado de un complejo de museos, junto a un lago en donde se puede disfrutar mucho correr o caminar. Me senté justo a la orilla, con un café en la mano y música en mis oídos, pensé en lo afortunada que era de estar ahí, a punto de lograr una meta más. Fué un instante especial porque sentí mucha paz de dejar atrás mis 20, plena de lo que hasta ese día había logrado. Aún las cosas que percibía como negativas, habían sido enseñanzas para cambiar o trascender algo. Hasta ese día, pensaba que mis 29 habían estado llenos de descalabros y situaciones complicadas en todo aspecto; pero más bien, fue un período de cierre de ciclos y todo lo entendí en ese instante.

Para nunca olvidar ese día, me tomé una fotografía sosteniendo mi cámara con mi bolsa (sí, hasta para plasmar una imagen hay que buscar creatividad cuando no tienes un tripié a la mano). Hubo muchas vivencias en ese viaje, pero ese momento quedó ahí y para mi, es especial.

Al final regresé a mi casa un día antes de apagar las velas del pastel para celebrar con todo, el inicio de mi nueva década. En mi corazón guardo un cariño muy particular a Chicago porque ese viaje marcó el inicio de una etapa que trajo cambios increíbles y fascinantes en mi vida y que por cierto, siguen hasta el día de hoy. Si aún no has hecho un viaje sola, no importa la edad: abre la agenda, define tu fecha y fluye: viaja, viaja y vuelve a viajar.

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