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El viaje de…Ana Míriam Peláez

Un encuentro con el amor y el arte. Mi viaje a San Francisco

Este fue un viaje que en retrospectiva veo como algo maravilloso que me pasó, el tiempo nos hace valorar las cosas sutiles e importantes; fue de esas aventuras de juventud que me marcaron, y que ahora pertenece a mi memoria.

Tenía 21 años cuando llegué a San Francisco. Lo que es imponente y vi primero, fue el puente Golden Gate, mismo que cruzaría días más tarde en un carro rojo deportivo para visitar Carmel y festejar mi cumpleaños 22, acompañada de quien sigue siendo mi pareja de vida. Ese fue nuestro primer viaje juntos.

Al observar este maravilloso puente con sus grandes remaches de acero, saber que es colgante pero muy firme, y que recibe su nombre del estrecho de Constantinopla, llamado también Puerta Dorada ya que comunicaba a Europa con Asía; me impresioné muchísimo. La arquitectura es hermosa y el mar debajo que veía a través de la velocidad del automóvil, me daba una experiencia de libertad y alegría. Pensaba que los puentes son importantes porque siempre nos unen o comunican con otra parte geográfica o metafóricamente con otra persona y ese era el primer puente de este tipo que visitaba.

Fuimos a Carmel, un poblado pequeño tipo europeo con limpias y hermosas calles hechas para recorrerlas a pie y así poder visitar las galerías de arte que hay, una tras otra.

Si no mal recuerdo, en ese entonces el alcalde del lugar era el actor y director Clint Eastwood.

Había mesitas afuera de los restaurantes y en uno comimos delicioso.

Luego caminamos por una playa que por supuesto estaba fría ya que era en el mes de febrero, pero la luz y el aire eran tan refrescantes y junto al mar esto era un regalo.

Ya en la ciudad de San Francisco, fue hermoso recorrer sus empinadas calles y subirse a los clásicos trenecitos con sus bancas de madera para desde ahí, poder ver esas coloridas casas tan típicas de estilo victoriano y contemporáneo; de ellas, me encantaron en particular sus torrecitas con ventanas idílicas para leer o contemplar la tarde.

Recuerdo que me impresionó mucho la gran cantidad de gente: había personas de color, blancos, asiáticos, el barrio chino no podía faltar y tuve la fortuna de ver el desfile del dragón y por supuesto comer pato.

Caminamos mucho, recorriendo sus calles empinadas, y recordando muchas series televisivas policiacas. El viento era muy fuerte, tanto que para dar vuelta en una esquina era difícil, sentía que me aventaba.

Otra cosa que recuerdo mucho fue ver a los homeless o indigentes como nosotros les llamamos, cargando sus pocas pertenencias en sus carritos del súper. En mi inocencia, pensaba que sólo eran imágenes que veía en las películas, pero no era así.

Cuando vi que esta pobreza era real, me marcó profundamente.

Otra caminata hermosa fue la visita al muelle, donde pudimos entrar a los barcos antiguos de pasajeros y ver a la distancia la famosa prisión de Alcatraz, donde se habían filmado tantas películas y en la que habían estado famosos criminales y gángsters.

Pero lo más hermoso de la ciudad, fue visitar la Escuela de Arte en la Universidad de California, porque mi pareja y yo somos pintores y maestros de pintura. Los talleres eran muy bonitos y ni que decir de las tiendas de materiales en donde al llegar ¡a comprar se ha dicho!, aún tengo una caja de pinturas que adquirí en ese entonces.


Por supuesto, visitamos los museos. En el Museo de Arte de San Francisco, vi una gran exposición de Kiefer y en el de Arte Asiático me encontré en vivo y directo con las obras de arte que he admirado por siempre. Poder apreciarlas fue un regalo.

En fin, la verdad es que fue una experiencia sensorial tanto en lo externo e interno, porque viví una experiencia artística y de amor intensa en una ciudad cosmopolita, llena de colorido y de gente muy abierta.

No he regresado desde entonces, pero sin duda lo volvería a hacer para reconocerla y conocerla mejor. Ahora tengo una hermosa cajita de música con forma de trenecito de San Francisco y al darle cuerda, toca la tonada de la canción In San Francisco. Cuando la oigo, mi corazón y mi mente viajan al recuerdo de esos maravillosos momentos vividos en este hermoso viaje. 

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