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El viaje de… Paty Arizabalo

Vuela, que Dios está contigo

El viaje especial que cambió mi vida se dio en junio de 2012 cuando después de un poco más de 30 años de haber padecido claustrofobia, la superé con ayuda de una psicóloga con quien tomé terapia dos veces por semana, durante dos meses. Así puede vencer mi problema y, finalmente, eliminarlo de mi vida. 


Aunque yo no era partidaria de exponer mi vida, la motivación de un viaje al extranjero para el siguiente año, como premio de la empresa en que trabajaba, fue un incentivo para interesarme en pedir ayuda y ponerme en las manos adecuadas. Quería resultados rápidos y satisfactorios. Previo a ese viaje tenía en puerta la oportunidad de visitar la Planta de Producción en Guadalajara y quería probar si podría liberarme de las cadenas que me habían tenido atrapada sin poder viajar en ningún tipo de transporte, excepto el automóvil, siempre y cuando yo fuera en el asiento delantero. 


El día llegó y yo me moría de nervios. El avión a Guadalajara despegaba a las cuatro de la tarde y yo no había podido probar bocado, pues sentía náuseas de miedo. Internamente hacía grandes esfuerzos por mantenerme en control. 


Cuando abordé el avión, me abalancé al asiento que había solicitado junto a la ventanilla y pegué mi nariz en ella viendo al exterior. No quería ver a mis compañeros que se iban acomodando en sus respectivos lugares. Quería olvidar que estaba dentro de un lugar donde no podría abrir ventanas o puertas. El corazón se me salía del pecho.


Llamé a mi terapeuta y le dije: "Ya estoy en mi lugar". Ella me recordó las herramientas con las que contaba para superar la terrible ansiedad que siempre me provocaba el sentirme encerrada. Pero las palabras mágicas fueron con las que finalizó: "Recuerda que Dios está contigo y con él, a tu lado. ¿A qué puedes tenerle miedo?". ¡Wooow! ¡Siii! 


Aquello fue suficiente para relajarme y empezar a voltear a ver cómo se acomodaban los pasajeros en sus asientos. Por fin despegamos. Hicimos una hora de vuelo y cuando me di cuenta de que había llegado tranquila y serena a mi destino, me sentí plena y orgullosa de mi logro.


Disfruté tres maravillosos días de convivencia con mis compañeros y amigos. No dejaba de pensar cuántas experiencias maravillosas me había perdido por no decidirme a pedir ayuda mucho antes.

Desde entonces he viajado mucho. He estado en el extranjero y en muchas ciudades de México. Pero lo más importante es haber viajado a Tampico, mi ciudad de origen, en donde después de 45 años me reencontré con mis hermanos y mi madrina, que es mi segunda madre y que aún con sus 90 años está viva. Haberme dado la oportunidad de viajar me permitió recuperar la vida perdida y conseguir muchos nuevos amigos y amigas que me enriquecen. Desde ese día en que vencí mi miedo, llevo cerca de 25 viajes. ¡Y voy por más! ¡Ya nadie me para! ¡Soy muy feliz!

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