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Tres motivos para ir ¡y siempre regresar a… la pirámide de Cuicuilco!

A un costado de una de las vías rápidas más transitadas de la ciudad, se erige un vestigio de la primera cultura que pobló el valle de México. Se cree que los cuicuilcas huyeron de la explosión del volcán Xitle y se instalaron en el territorio que más tarde se convertiría en Teotihuacán. Al visitar este sitio también:

1. Diviértete como niña, escalando la pirámide. Trepar por sus rampas y sortear sus escalones no es muy pesado en realidad y sí muy emocionante. Cuando llegues a la cima, tírate sobre la suave alfombra de césped y disfruta de una padrísima vista de la ciudad.

2. Piérdete en los senderos ubicados a un costado de la pirámide. Aunque parecen solitarios e intrincados, en realidad son muy seguros porque están dentro de un área vigilada. Además, aunque parezca lo contrario por lo sinuosos que son, su extensión es limitada. El mayor peligro suele ser alguna ardilla traviesa que quiera hurtar tu comida; así que ponla a buen resguardo y lánzate a admirar la vegetación, la fauna y las formaciones rocosas, propias de una zona volcánica. 

3. Llénate de la súper buena energía que inunda este sitio, cuyo nombre significa “lugar donde se canta y danza”. Considerado sagrado en la antigüedad, a Cuicuilco también se le relaciona con el culto a los ancestros. Algunas de las estelas que se han descubierto dan cuenta de que ahí se guardaron los secretos de la cosmogonía prehispánica. Pero, sin duda, su simbolismo más fuerte está en su forma circular, que evoca el poder de lo femenino.

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